El camino hacia el sacramento de la Confirmación: una formación integral para la vida y la fe
Nuestros estudiantes se preparan para recibir el sacramento de la Confirmación, que perfecciona la gracia bautismal y los fortalece con el don del Espíritu Santo para vivir, anunciar y defender su fe con madurez. A lo largo de este itinerario, los jóvenes participan en jornadas de catequesis orientadas a consolidar su encuentro con Jesucristo y su vínculo con la comunidad eclesial.
Descubrimiento y comunidad (I)
Esta fase inicial se desarrolla desde un enfoque querigmático y acompaña al estudiante en tres dimensiones.
En la dimensión personal, se profundiza en la relación con Dios mediante el autoconocimiento, a partir de una pregunta fundamental: «¿Quién soy?».
En la dimensión comunitaria, el joven reconoce que forma parte de un grupo y de una comunidad cristiana viva, cuyos miembros están unidos como hijos de Dios.
En la dimensión eclesial, comprende su pertenencia a la Iglesia y descubre que, como miembro activo de ella, está llamado a contribuir para que sea una verdadera «casa y escuela de comunión».
Además del ámbito espiritual, el proceso atiende de manera equilibrada las dimensiones emocional, afectiva, social y práctica de la persona. Esta visión integral favorece una experiencia catequética que ayuda a cada estudiante a madurar interiormente y a descubrir su vocación cristiana.
Profundización doctrinal y compromiso (II)
En esta segunda fase se profundiza en la formación doctrinal y se abordan pilares esenciales de la vida cristiana, como la oración, la liturgia y el servicio a la comunidad.
Al desarrollarse en el marco de nuestra identidad como colegio católico, esta formación adquiere una especial solidez y significado. Al culminar el bachillerato, nuestros estudiantes cuentan con una preparación que no se limita al ámbito espiritual, sino que también los dispone para integrarse en la sociedad como ciudadanos responsables, solidarios y guiados por valores cristianos.
En definitiva, la catequesis de Confirmación trasciende el aula: fortalece la relación del joven con Dios, favorece su convivencia familiar y social, y le proporciona herramientas para discernir y responder con claridad al llamado de Dios en su vida.
