Con más de 30 años al servicio de la educación católica, el profesor José Barrera comparte su vocación en el Día Mundial del Docente
En el marco de la conmemoración del Día Mundial del Docente, conocemos más sobre la vocación del profesor José Barrera, quien ha dedicado más de tres décadas a la educación católica.
El origen de una vocación
Su camino comenzó en casa. “Desde niño vi el ejemplo de mi madre, que también era docente. Admiraba el empeño con que dedicaba los fines de semana a preparar sus clases para entregar lo mejor a sus estudiantes durante la semana. Con el tiempo comprendí la satisfacción que siente el docente al ver, con los años, el fruto de su trabajo”.
Hoy lo resume así: “Para mí, ser docente es, ante todo, una vocación, pero también una experiencia que se enriquece con los años: en los contenidos, en las técnicas y en lo que cada día encontramos en las aulas”.
Formar para la vida
Para el profesor Barrera, la tarea del docente va más allá del salón de clases. “Formamos a los jóvenes de manera integral. Siempre les hacemos saber que se aprende para la vida”. Los contenidos se desarrollan según los planes de estudio, explica, pero deben ir acompañados de conceptos significativos que los estudiantes puedan aplicar en distintas áreas: la histórica, la científica y, hoy en día, la tecnológica. “Esta última es fundamental, pues el presente siglo demanda nuevas tecnologías educativas y de aprendizaje”.
Enseñar desde la fe
Ser docente católico, afirma, ofrece la oportunidad de alcanzar los objetivos académicos y, al mismo tiempo, evangelizar a través de la educación. “Los jóvenes que forman parte de nuestros colegios pueden desarrollar los contenidos académicos con una didáctica acompañada de la fe. Dios nos manda a hacer ciencia, siempre que encontremos en Él nuestro apoyo”.
Los retos del camino
Al recordar su trayectoria, señala que el mayor desafío fueron los inicios. “Al comienzo cuesta encontrar las estrategias adecuadas para guiar el salón de clases, no desde una disciplina rígida, sino estableciendo reglas claras que ayuden a los estudiantes a entender el aula como un espacio de convivencia”.
Con los años, el reto se transformó: “Lo más difícil es conocer la realidad de cada estudiante. El amor de Dios nos manda a conocer primero a la persona y, luego, a través de las habilidades que cada uno puede desarrollar, hacerle entender que con paciencia, dedicación y mucha fe puede alcanzar cualquier meta profesional, siempre que desde el principio camine de la mano con Dio”.
Lo que más llena al docente
Entre tantos recuerdos, los más significativos son los que nacen de la confianza de los estudiantes. “Son aquellos en que creen en lo que hacemos y en lo que el maestro puede enseñarles. Que te recuerden con cariño, ya sea en los grados superiores o después de salir del colegio, es lo que más llena al docente y lo anima cada día a continuar en esta labor”.
Un mensaje para quienes enseñan
Para él, ejercer esta labor exige “estar encantado con ella, mantenerse en constante actualización y disfrutar a diario de lo que se hace”. Así, concluye, “llegado el momento, quedará la satisfacción del deber cumplido”.
